Para muchos, un sueño de años puede transformarse no solo en un deseo, sino que en una forma de vida actual. Pensar e imaginar que somos, o podemos ser grandiosos, nos crea una mentalidad de competitividad y desafíos. Sin darnos cuenta, nos dejamos llevar por la multitud, que nos rodea de pensamientos abstractos y palabras retóricas. Pues somos frágiles, y al serlo, somos hijos de la fortuna, sin poder alguno ni forma actual.
martes, marzo 13, 2007
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“Lo increíble de un beso de limitó a una caricia.”
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obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:52 p. m. .... ... ** 1 comentarios
Realidad ficticia.
Me sacaron dos muelas del juicio, del lado derecho. Ya han pasado seis días y el dolor continúa, la hinchazón continua y el cansancio continúa. El primer día llegué a mi casa directo a dormir, agotada no se por qué. Seguramente eran los efectos de la anestesia, quizá el dolor leve pero increíblemente molesto que comenzaba a notarse, o quizá los nervios que sufrí especialmente cuando hubo complicaciones en la extracción de la última muela. El segundo día amanecí peor que el anterior. Mi rostro inflamado en su totalidad, sentía que mi piel iba a agrandarse tanto que jamás volvería a la normalidad, y hasta cuando tocaba mi piel se sentía tan dura como la de un delfín caribeño. Gracias a los analgésicos que afortunadamente sabían a limón, el dolor desaparecía; aunque no así la molestia. No tenía hambre, y de tenerla me era muy incómodo el masticar, sentía mis dientes apretados y sensibles, y el sabor a sangre y a remedio aparecía en mi boca. Ese sabor, tan desagradable que me daba asco mi propia boca. El tercer día comencé a preocuparme, la hinchazón seguía igual –peor diría yo—el dolor permanecía y me creaba dolores hasta en el cuello. No aguantaba más, tener que dormir por el lado izquierdo toda la noche, ser despertado por mi gato en la madrugada y levantarme con dolor de cabeza a darle desayuno, no poder hablar ni reír, tener que masticar como si careciera de reacciones faciales... Por fin todo comenzó a acabar. El tamaño de la hinchazón era casi normal, pero algo continuaba allí. Un moretón, tan grande como un puño, apareció en mi rostro. Señales que la hinchazón comenzaba a desaparecer, pero para mi era sólo una mancha horrenda color amarillo limón. Y el dolor sigue ahí, los analgésicos parecen no ayudar, apenas puedo comer, reír o moverme con libertad. Y es así como es mi nuevo rostro, lleno de dolores y sufrimiento. En un par de días comenzará todo nuevamente y deberé aguantar seis días más con esa tensión de desagrado que me ha acompañado.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:45 p. m. .... ... ** 0
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