martes, mayo 15, 2007

Peso.

Llevo el peso de años explorados, días añejos por su historia cubierta en huecos de troncos frondosos repletos de hierba de albañiles plagados en ira medieval.
Así como los antiguos soldados de guerra traían armaduras forzadas en metal grueso y resplandeciente, los nuevos guerreros de la justicia conservan el orgullo y la dicha de servir más que la de triunfar.
Me siento en ese prado verdoso e interminable, donde animales de granado se alimentan de exquisiteces inexploradas. Allí es cuando mis ojos se encuentran con el eterno espejo que se halla en lo más ato de nuestro razonamiento. Un vidrio con dos géminis; el transparente que nos ayuda a mirar más allá, y el reflector que muestra nuestros pensamientos más secretos. Y así con mis ojos en esas montañas forradas en azul, el peso de mis conocimientos comienza a desvanecerse rápidamente. Una brisa parece menos ligera, y de un momento a otro una sonrisa adorna mi rostro como el más bello velo afgano.

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