Nazco, luego existo. De un órgano femenino después de meses de nutrición artificial y llamadas incoherentes, un lugar que me daba abrigo y soledad, llanto y dulzura, calor y humedad.
Crezco, luego existo. Unos centímetros más que otros, miradas con intención y palabrería de aprendizaje, todo junto a felicitaciones insólitas por mi éxito al aprender a andar.
Me equivoco, luego existo. Caigo y me deslizo levantándome nuevamente, una y otra vez pero aún no se por qué. Sólo sé que lo hago porque existo, si no lo hiciera me convertiría en un nada existente olvidado en lo más bajo del barro.
Pienso, luego existo. Ya sea rencor y amor, celos y admiración, infinitas palabras mudas que son propias viajando en la parte superior de mi ser junto a mi despeinado cabello de ex-inocente y patriota.
¿Pero vivo, muero? No, no; sólo existo.
Si vivo no existo, comienzo a existir. Si muero no existo, dejo de existir.
sábado, mayo 26, 2007
Cogito Ergo Sum.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:26 p. m. .... ... **
Etiquetas: Tesoros
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario