Esa pantalla, tan fría y de color gris encierra voces, mas tormenta almas. No es que sea en realidad la salvación que todos creemos, sino que se trata de una perdición reumática. Si vez a su observador, descubres un cuerpo, un muñeco, vacío y convicto. Sentado allí, sin habla y ojos en forma de cuadros oscuros que de vez en cuando adornan sus ropas. El muñeco sin habla, atónito por las imágenes ficcionales que ve, permanece allí con una mueca de concentración ingenua. Imágenes repetidas día a día, repulsivas y agotadoras; especialmente agotadoras. Pero es que algo tan comparado a un Dios, al futuro en sí, no es más que dilación de nuestra mente. Deseando tanto, más que nada, lograr crear algo especial a través de este avance mundial es sólo un pequeño paso para lo grandioso. El problema está allí: pocos sienten tanto deseo, y más bien lo transforman en un placer de costumbre que crea tormentas y diluvios eternos.
martes, abril 24, 2007
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