sábado, febrero 10, 2007

Ingresa a nuestra mafia.


Después de años de conciencias represadas y bulevares escondidos, te encaminas hacia dónde el final te aguarda y satisface. Callados son quienes viajan hasta lo infinito, pues el victoreado es arduo y poco apacible. Mas no debemos temer, los enemigados con la vida no serán quienes te dañarán, sino quienes la viven con pasión y locura. Pasos ligeros y temerosos; casi inconscientes. Te avergüenzas de tu ser, pues te sientes abierta a tan horrendos personajes. Sabes que ellos son descuidados y traicioneros, no como tú, quien abrazas al océano y cautivas al viento. No caes, no te das por derrotada. Es que el placer de sentirte liberal y artera es más grande que una mente cuidadosa y paciente. Pero tu tacón retumba en las paredes de granito encarcelado. El sonido de guerra te apresura y desespera. Es como si tu corazón emitiera un sonido lejos de cualquier sinfonía, y temes que los posibles enemigos sean capaces de perturbarse con él. Precisión no es tu mejor arma, pero logras esquivar los pequeños obstáculos yacentes en el cemento e ingresas al final adecuado. Si la luz no fue suficiente para deslumbrarte, al cruzar la cruda puerta encontrarás a tu serafín escondido. Dudarás que alguna belleza tan extraordinaria pudiese presentarse frente a ti, mas es real. Si irreal fuera, no podrías sentir el calor sofocante que alguna vez cubrió a quienes desataron la furia de Dios en el Cairo. Y te encaminas, llena de energía, sana y vívida; inmortal. Irradias seguridad cual fiel guerrera de olimpo. Hasta el simple guardián que te espera cree que experta y consagrada eres. Y no hablas. Detenida estás, deseas gritar y hacerle al mundo creer que has arribado a la meta; callas. El miedo profundo te llena, como visiones del mandatario héroe que muere en simple derrota. Melodías sin fin, en un mar caprichoso y arduo de seguir, todas dirigidas hacia tus oídos y alma. No logras comprender. Babel se ha presentado frente a ti, creando una barrera de fronteras con tu idealismo. Quieres dudar, llorar y sangrar. Aunque tan complejo sea, comienzas a oír con claridad, llegando a tal punto que puedes ser capaz de responderte a ti misma. Y ese enviado, tu guía y misionero, te da las respuestas; por fin descansas en un edén sintético. Le agradeces sin respuestas, ya que es él quien se convierte en tu esclavo guiador. Haz hallado tus miedos, el mundo se abre ante tus ojos. ¿Regresar y bordar las palabras para cambiar ese pasado que te condena? ¿O prefieres continuar hacia el futuro, sin mirar atrás para no convertirte en piedra y sal? Y la decisión es difícil, pero cualquiera se convertirá en razón de tu existir y fuerza.

No hay comentarios.: