Que noche oscura. Sacaba mi encendedor con apenas gas, decidida a encender mi tercera tagarnina de la última media hora. Miré alrededor. Una pista de baile con solo algunos individuos en ella, una mesa que delataba una orgía ya acabada, y unas personas cuya sangre sólo contenía alcohol, nicotina y locura. ¿Qué ocurrió en tan poco tiempo? La jarana fue demasiada, esta vez nadie logró no perder el control de la situación. La gran variedad de bebidas alcohólicas, la fatiga producida por el humo y el poco aire que había en el sótano, la música que no evitaba crear pasión a su auditorio, y el éxtasi que transmitía cada persona, se transformaron en uno de los placeres más deseados. Nadie se dio cuenta, de cuando todo acabó. De cuando todos estaban sentados sin ganas a dar más, pero con deseo de continuar festejando. Los rostros con marcas de sueño, labios pálidos y guedeja sucia, el cuerpo gastado en su máximo, pies hinchados y rodillas dolientes. Pero cada maniquí, aunque pareciera no poder volver a funcionar, aún conservaba la adrenalina y exaltación de lo vivido. Sabíamos que era maquinal, pero nos molestaba que el mal humor nos ciñera. Y ahora nos mirábamos entre nosotros, sonreíamos apocadamente y recordábamos las imágenes. El éter me sofocaba, tantas cenizas habían en él que ya mis ojos ardían con dolencia. Tomé mi cigarro, una bebida ya tibia, y salí por la entrada hacia el exterior albino producido por la nieve caída. Me sentí fresca y armoniosa, me hubiese quedado allí para siempre, pero mis órganos y huesos de este inútil cuerpo humano me lo impidieron, teniendo que regresar obligatoriamente al ambiente cálido y asfixiante.
lunes, enero 08, 2007
Sensación.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 8:05 p. m. .... ... **
Etiquetas: Tesoros
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