Escuchaba una eufonía mientras observaba el confín. La arena estaba plácida, y el viento parecía estar en un profundo sueño. Se veían gaviotas revolotear y el sol alumbrarlas al ritmo del verano, creando sombras en la blanca arena. Mis pies rozaban las piedrillas, careyes y valvas, mientras mis manos sujetaban mi sombrero púrpura para que no fuese a marcharse con la galerna. El olor salado me llenaba el alma, deseaba ser una con el mar, convertirme en su mujer y aliada. Hubiese cambiado mis pies por aletas, mi piel por escamas, y convertirme en una sirena para danzar a la sintonía de sus olas. Me adentré en el agua, su espuma y sal cubriéndome diversamente, las gotas de agua me invadían deliberadamente y sentí un placer inimaginable. Mis cabellos parecían celebrar el trato de las olas, mis manos, pies y cuerpo se movían en unísono y mis ojos sólo veían paz. Podía estar sumergida, pero aún sentía oxigeno navegar por mi sangre, y aunque el mareo comenzaba a hacerse notar, no quería detenerlo, solo disfrutarlo.
martes, enero 09, 2007
Playa.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:31 p. m. .... ... **
Etiquetas: Tesoros
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