Nuestro aroma.
Solo una vez más, solo una. Esta será la última vez, después de esto lo dejaré. Solo debes subir la escalera, son solo catorce escalones. Catorce escalones y llegarás a la habitación. Estará vacía y olera a rosas y a afrodisiaco, sólo a rosas y a afrodisiaco. Uno, dos, tres...doce, trece y catorce. He llegado. Ahora abre la puerta, vamos, abrela. Está vacía, no huele a ella. Lo logré, lo hize. Debo recostarme en la cama y cerrar lo ojos, cuando despierte todo acabará.
Abro los ojos, alguien me mira. Vamos, dícelo, dile que lo odias, que se acabó. Un par de ojos azules me miran. Son fríos, arrogantes y están acompañados de una sonrisa burlona.
« Buenos días. »
Vamos, dile que todo acabó. No puedo, lo miro y me ahogo en su mirada. Soy cobarde, me da miedo. La habitación ya no huele a flores, está contaminada. Su típico olor a afrodisiaco trae impregnado consigo un olor desconocido del que ya estoy acostumbrada. Callo. Lo observo. Se para de la cama y me invita a cenar. No tengo ganas, quiero dormir, quedarme en mi cama esperando a que el olor a rosas y afrodisiaco vuelva. Pero si me niego se irá solo, de todas formas no me acompañará. Nunca lo hace.
Lo miro. Come de manera elegante, muy calmado. Me pregunta cómo estuvo mi día aunque sepa que estuvo bien. Siempre está bien. No hay otra cosa que bien en sus preocupaciones. Preguntale cómo estuvo su día, veamos qué te dice. No me atrevo, no puedo. Sé que estuvo bien, solo bien. Se levanta y va al baño, quiero ir con él. Síguelo, ve con él. Me quedo sentada bebiendo vino mientras lo miro de lejos. Una mujer va al baño también; no en dirección al baño de damas. Sonrio inconscientemente, me pregunto qué perfume llevará puesto.
Muchos minutos para ir al baño. Me besa calmado, me sonrie arrogante. Se sienta frente a mí y come calmado. Huele delicioso, pero me da asco. Un olor ajeno, demasiado femenino. Dile que huele bien, que no notaste su nuevo perfume. Se lo digo, pero me sonrie despreocupado. Párate y márchate, vete antes de que no puedas hacerlo más. Me quedo. Bebo vino y lo observo. Necesito mantener el olor a rosas en su cuerpo.
Unser Aroma.
Nur noch ein Mal, nur eine. Das wird das letzte Mal sein, danach werde ich es lassen. Du musst nur die Treppe hinaufgehen, es sind nur vierzehn Stufen. Vierzehn Stufen und du wirst zum Zimmer kommen. Es wird leer sein und wird nach Rosen und Aphrodisiakum riechen, nur nach Rosen und Aphrodisiakum. Eins, zwei, drei ... zwölf, dreizehn und vierzehn. Ich bin gekommen. Jetzt öffne die Tür, komm schon, öffne sie. Es ist leer, riecht nicht nach ihr. Ich habe es geschafft, ich habe es erreicht. Ich muss mich jetzt im Bett hinlegen und die Augen schließen; wenn ich morgen aufwache, wird es alles enden.
Ich öffne die Augen, jemand schaut mich an. Komm, sage es ihm, sage ihm, dass du ihm hasst, dass es zu Ende ist. Ein Paar blaue Augen schauen mich an. Sie sind kalt, arrogant und mit einem spöttisch Lächeln begleitet.
« Guten Morgen. »
Komm, sage ihm, dass alles zu Ende ist. Ich kann nicht, ich schaue ihm an und ersticke in seinem Blick. Ich bin Feigling, es macht mir Angst. Das Zimmer riecht nicht mehr nach Blumen, es ist verseucht. Sein typischer Duft nach Aphrodisiakum bringt mit ihm einen unbekannten Geruch imprägniert, zu den ich schon gewöhnt bin. Ich schweige. Ich beobachte ihn. Er steh auf vom Bett und lädt mir zu Essen ein. Ich habe kein Lust; ich will schlafen, in meinem Bett bleiben, in wartend, dass den Geruch nach Rosen und Aphrodosiakum zurück kommt. Aber wenn ich mich weigere, wird er allein weggehen, er wird mich jedenfalls nicht begleiten. Er macht das nie.
Ich schau ihm an. Er isst auf elegante Weise, sehr beruhigt. Er fragt mich, wie mein Tag war, obwohl er schon weiß, dass er gut war. Es ist immer gut. Es gibt kein andere Sache, als gut in seinen Beschäftigungen. Frage ihn wie sein Tag war, sehen wir was er dir sagt. Ich wage nicht, ich kann nicht. Ich weiß, dass er gut war; er ist immer gut. Er steht auf und geht ins Toilette; ich will mit ihm gehen. Folge ihm, geh mit ihm. Ich bleibe sitzend, Wein trinkend, während ich ihm von weit anschaue. Eine Frau geht auch ins Toilette-nicht in Richtung zur Damentoilette-. Ich lächle gedankenlos; ich frage mich, welcher Duft die hat.
Viele Minuten, um ins Bad zu gehen. Er küsst mich beruhigt, lächelt arrogant. Er setzt sich hin gegenüber mir und isst weiter beruhigt. Er riecht reizend, aber es gibt mir Ekel. Ein fremder, zu weiblicher Geruch. Sage ihm, dass er gut riecht, dass du seinen neuen Parfüm nicht bemerkt hast. Ich sage es ihm, aber er lächelt mich unbeschwert. Steh auf und geh weg, mach es bevor du es nicht mehr machen kannst. Ich bleibe. Ich trinke Wein und beobachte ihn. Ich brauche den Geruch nach Rosen in seinem Körper zu halten.
martes, diciembre 04, 2007
Nuestro Aroma.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 12:22 a. m. .... ... ** 1 comentarios
Etiquetas: Tesoros
lunes, diciembre 03, 2007
Gran Avenida
Gran Avenida.
Me he dedicado a pasear por la Gran Avenida, observando a los intelectuales que leen sus libros ingleses, o que almenos pretenden hacerlo. Escucho la voz de Hemingway y Fitzgerald diciéndome al oído: «No te dejes involucrar por esos farsantes que son sólo niños ricos sin fantasías filosóficas.» No era mi plan dejarme llevar por sus mentiras y actos comúnes, sólo los observaba porque...¿Qué es lo que estaba haciendo en la Gran Avenida? ¿Por qué es que ese paseo se ha vuelto una rutina sin sentido alguno? Camino inconsciente, como si una fuerza mayor fuera la que me obliga a mover mis pies y caminar por esos adoquines que odio; los odio porque uso tacos y estos se enredan en las aberturas del cemento.
Me siento dormida. Siento que un sueño profundo recorre mi cerebro y bostezo mucho, sin poder detenerme. Pero es normal, creo. Miro a mi alrededor y lo único que veo son individuos como yo que no hacen más que rutinas, rutinas sin sentido alguno. ¿Es el hombre un ser tan rutinario? Es como si esas hipocresías de democracia, cuando todos creemos que somos libres pero alfinal sabemos que imitamos al resto. Como Rousseau decía: El hombre nace libre, pero por todas partes se encuentra encadenado. Pero no quiero que sea verdad, me gustaría pensar que camino por esa avenida con un destino importante, con un propósito de vida. Pero no será posible, quizá me tome toda una vida el poder encontrar un sentido en ese camino que más que un camino, es una forma de vivir.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 12:44 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
miércoles, julio 04, 2007
Agua granate.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 3:46 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
sábado, mayo 26, 2007
Cogito Ergo Sum.
Nazco, luego existo. De un órgano femenino después de meses de nutrición artificial y llamadas incoherentes, un lugar que me daba abrigo y soledad, llanto y dulzura, calor y humedad.
Crezco, luego existo. Unos centímetros más que otros, miradas con intención y palabrería de aprendizaje, todo junto a felicitaciones insólitas por mi éxito al aprender a andar.
Me equivoco, luego existo. Caigo y me deslizo levantándome nuevamente, una y otra vez pero aún no se por qué. Sólo sé que lo hago porque existo, si no lo hiciera me convertiría en un nada existente olvidado en lo más bajo del barro.
Pienso, luego existo. Ya sea rencor y amor, celos y admiración, infinitas palabras mudas que son propias viajando en la parte superior de mi ser junto a mi despeinado cabello de ex-inocente y patriota.
¿Pero vivo, muero? No, no; sólo existo.
Si vivo no existo, comienzo a existir. Si muero no existo, dejo de existir.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:26 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
martes, mayo 15, 2007
Paseo Griego.
Contaré, no, reprocharé lo que oí de por ahí.
Un alcázar de condenación que se acrecenta junto a una Academia que posee jardines de infinidades que rodean a su héroe,
que no lo reconocen,
que caminan con Academos y le bailan y le cantan y le hablan.
Gentes con entendimientos de Agustinismo hipócrita que hablan de Dios con agnosticismo y que lo evocan con recelo.
¡Mejor vayan a ser escolásticos!
¡Mejor aclaren sus dudas con Tomás el Santo!
Qué digo, ¡perdonad...! Si deben hablar con Gorgias, quién les dirá, quién les contará del escepticismo,
que muy mal lo conocen,
que no lo instruyen en sus designios de esclavos.
Pues son ingenuos, pues son ignaros de todo,
pero piensan, mas bien intuyen, que con objetivismo descubren nuestro arché,
que es inasequible porque no está presente,
porque el objetivismo demuestra lo no absoluto que es la verdad única.
Iban a llorar descalzos en lo oscuro,
con murallas de rasillas y con un paredón flotante.
En la alegoría de la caverna lamentaban su Raison d’Etre e intentaban una catarsis fraudulenta que no funcionaba,
que era rechazada por el mundo de las Ideas,
porque falsaron el apolíneo y traspasaron el dionisiaco,
porque se creían brillantes,
porque se creían fiesteros.
Así como los estoicos burlados en el puerto,
leían parábolas filosóficas que forman con ideas Platónicas que crecen en mundos griegos.
Porque les contaban que su anima estaba manchada,
que con ascetismo se desprenderían, que con filosofía se desprenderían,
lejos de ideas fornicadas
y de recelos ambulantes
y de palabrerías basurales
y de gulas ambientales
y de tesoros mimesiantes.
Así hasta hallar la verdad real.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 6:48 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Calabazas.
naranjas, esféricas, cubiertas en jugosa salsa de ámbar,
adornadas con pulseras y collares de esmeraldas,
juguetean y conversan unas con otras;
con sus vecinas y aliadas.
Sonríen,
pelean con los cuervos que desean invitarlas a cenar y así robar su intimidad;
ríen,
reciben noticias de sus gusanos amigos que visten viscosos abrigos;
saludan al jardinero,
esperando por que no las lleven a trabajar.
Son aún niños, sí,
jóvenes y sin sentido del comercio empresarial.
Miran la carretera,
madera horrenda y perforada,
cubierta alegremente por más vecinas de sociedad mientras sus viudos esperan a cenar.
Van al doctor,
operación facial,
ojos de contacto y narices refinadas, labios con botox y dentaduras emperladas.
Comentan y comentan.
Las más viejas van a clases de cocina,
todas allí se juntan,
las nueras y las viudas.
Pasteles, caramelo, harina;
el olor les fascina.
Cansadas están,
sí, las caras de calabaza,
toman un baño dulce y van a tostar la piel blanca que las acordona.
Solarium, hermoso palacio;
hace mucho calor, demasiado.
Rumores y rumores.
Devuelta en el barrio conversan sobre qué ha pasado.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 6:43 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Peso.
Llevo el peso de años explorados, días añejos por su historia cubierta en huecos de troncos frondosos repletos de hierba de albañiles plagados en ira medieval.
Así como los antiguos soldados de guerra traían armaduras forzadas en metal grueso y resplandeciente, los nuevos guerreros de la justicia conservan el orgullo y la dicha de servir más que la de triunfar.
Me siento en ese prado verdoso e interminable, donde animales de granado se alimentan de exquisiteces inexploradas. Allí es cuando mis ojos se encuentran con el eterno espejo que se halla en lo más ato de nuestro razonamiento. Un vidrio con dos géminis; el transparente que nos ayuda a mirar más allá, y el reflector que muestra nuestros pensamientos más secretos. Y así con mis ojos en esas montañas forradas en azul, el peso de mis conocimientos comienza a desvanecerse rápidamente. Una brisa parece menos ligera, y de un momento a otro una sonrisa adorna mi rostro como el más bello velo afgano.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 6:35 p. m. .... ... ** 0
martes, abril 24, 2007
Profesionales.
Te visité ayer por la tarde, toqué el timbre de tu departamento pero no contestaste. Fue extraño, sabes bien que te visito a la misma hora cada semana. Intenté una y otra vez, pero nada. Decidí volver una hora más tarde, pensé que quizás te dieron ganas de tomar un baño frío como lo sueles hacer después de tus caminatas por el bosque y no escuchaste el sonido del timbre. Bajé las escaleras y aún podía reconocer tu aroma impregnado en los peldaños. Ese olor a cigarros cubanos y a un licor derivado del martini. Miré hacia atrás; podías encontrarte detrás de mí. No estabas, ni siquiera tu aroma pareció incrementarse en ese segundo. Giré en mis talones y continué mi camino hacia la salida. La luz de la calle me frenó inesperadamente. Era ese destello blanco y refrescante proveniente del sol; muy diferente a tu vivienda abandonada entre las paredes húmedas y mohosas de granito. Jamás comprendí cómo es que lograbas adaptarte a lugares tan marchitos, pero creo que siempre acepté que combinara con tu personalidad siniestra. Llegué a la siempre concurrida calle y miré a mí alrededor. De alguna manera me sentí ajena al mundo exterior; seguramente lo tenebroso de tu mundo me contagió insanamente. La mujer con sombrero de plumas lila que pasea a su can, el hombre que vende periódicos en la esquina de Barkey & Fritz, el niño que compra helados al heladero del ojo marchito y el artista cautivo que ingresa a su limosina; todos extraños. Doblé a la izquierda, dispuesta a dar una vuelta por los alrededores y quizá tomar un café donde nos gustaba ir en nuestros primeros encuentros. Cuando iba concentrada en un bebé que lloraba porque su cascabel había caído al cemento y cuando estaba a punto de dar mi tercer paso, alguien me sujetó firmemente del brazo. Me di vuelta asustada; habían muchos asaltantes en esta última década. Eras tú; tú y esa sonrisa varonil y estafadora. Di un suspiro de alivio, feliz de encontrarte allí frente a mí. Me pediste perdón por tardar a nuestras acostumbradas citas en su departamento, pero sonreí sin rencores.
Miraba tu rostro mientras me encontraba sentada en tu cama, un colchón tan duro del que siempre me quejé. Estabas preparando un café, con un cubo de azúcar ficticia para cada uno, preocupado por no perder el aroma de los magníficos granos exportados desde Colombia. Yo solamente te observaba, a ti y a tu camisa sucia y algo rota, tus zapatos manchados en algo similar a un barro ligero, y a tus pantalones negros y arrugados. Hasta tu cabello estaba desorbitado; el negro azabache que dominaba a otros cabellos del mundo se encontraba sucio y daba la impresión de encontrarse canoso. Me entregaste el café y me quedaste mirando curioso, esas pausas que exageras demasiando, no intentando encubrir tu observación hacia el anfitrión. Pero esta vez no me intimidaste, me encontraba penetrantemente hundida en tu rostro. Siempre magníficamente apuesto y pálido, ahora estabas tan ajeno como la gente de la calle. Tu piel comenzaba con una línea roja apenas cicatrizada que cruzaba tus cejas, continuando por el levantamiento burdeo que rodeaba la parte baja de tu ojo, tu nariz tenía restos de sangre seca y todo acababa con tus labios partidos en cicatrices furiosas. Era escandalosamente terrible ver lo lastimado que te encontrabas, y más aún ver cómo parecía no importarte. ¿Recuerdas cómo recibí la taza de café con un agradecimiento tímido y tú me preguntaste qué sucedía?
Sin dudar ni tragar saliva nerviosa te pregunté con tristeza, “¿Por cuánto tiempo seguirás metido en eso?”
“¿Por cuánto tiempo seguirás en lo tuyo?”
Odiaba como te burlabas de mis preguntas serias con una sonrisa infantil, más aún porque tenían la razón. Sabía que no podía exigirte que te alejaras de tus camaradas y renunciaras a todo, sabía que era imposible tanto como por tú parte como por la de quienes te mandaban. Aunque no era la primera vez, ni la segunda, que te veía en esas condiciones, no podía evitar sorprenderme cada vez. Jamás me pediste ayuda, jamás te vi moribundo o sufriendo por problemas personales, jamás te vi caer bajo. Eso me preocupaba, sabía que eras como yo; evitamos exponer nuestros sentimientos pero amamos que nos complazcan con entendimiento. Creo que por eso nuestras reuniones pasaron a ser encuentros amistosos, siempre conversando y tomando un café antes de compartir algo más. Te sentaste junto a mí y terminaste con calma tu café. Dejé mi taza sobre la pequeña cómoda, pobremente adornada con una lámpara de madera astillosa, y me saqué la chaqueta. Todavía recuerdo el calor de cuando pusiste tu mano sobre mi pierna, no me miraste, pero hablaste sonriendo.
“Déjatela.”
Me confundiste con tus palabras, no entendía por qué querías que no me desvistiera. Creo que ese momento fue el más suspensivo de mi vida, en especial cuando te paraste del colchón y rebuscaste algo que estaba dentro de la bolsa apoyada junto a tu silla coja. Sacaste una caja larga y rectangular y me la entregaste sonriente. Me dio risa, mi corazón latía intensamente rápido porque no entendía qué querías que hiciera con ella.
“Es tu cumpleaños.”
No quería admitirlo, no quería admitir que nadie jamás me había hecho tan feliz con un regalo. Te miré con desconfianza y reíste con calma. Abrí la felpuda caja y me encontré el delicado collar de brillantes. Tan maravilloso, seguramente más caro que todo lo que nos rodeaba en ese cuarto. Sabía que no tenías problemas de dinero, que podías conseguirte este tipo de cosas así como te conseguiste el mejor auto de la ciudad.
“Servirá para pagar por lo que no te cobraré hoy.” Mirada pícara proveniente de mis ojos. No hablé nada más.
Dijiste que mi rostro estaba pálido y desconocido, que disfrutaste la situación como ninguna. Te burlaste al final del día de que jamás te agradecí el regalo, pero no fue porque no me gustara, sino porque lo amaba. Así fueron las últimas cosas que conversamos, creo que me pongo melancólica al no oír tu voz a estas horas del día. Es extraño no reencontrarnos en tu departamento y en cambio hacerlo en una sala alumbrada y vestida en blanco. Si tan solo pudieras ver lo limpio de este lugar, no te gustaría para nada. En este momento estoy sentada en el escritorio junto a ti, duermes. Te estuve observando hace un momento, te ves tan tranquilo. Los doctores dicen que despertaras en la próxima hora, la operación fue ardua pero lograron manejarla. ¿Qué habríamos hecho los dos si la bala no hubiera atravesado tu entrepierna y en cambio tu parte más intima? Espero que no te queden dolores de por vida, sería complicado.
Ya no me queda más espacio para escribir, no quiero ir a recepción a pedir más papel ya que la enfermera se cuestiona demasiado qué estoy tramando. No puedo decir que me alegro por que estés en estas situaciones, sólo por el hecho de que sé que no meditarás tu trabajo. Apenas estés de pie irás al encuentro de tus secuaces; la próxima vez espero que no te agredan, y de hacerlo, que aprendas la lección. Te vendré a ver por la mañana, ahora debo ir a trabajar. Cuatro citas en lo que queda del día, todo esto se está convirtiendo mucho para mi.
Siempre tuya,
P.L.
P.D.: Llevo puesto el collar de brillantes, gracias.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:08 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Paranoico.
Era un paranoico. Me miraba sin razón y comenzaba a gritar, una y otra vez; sonidos interminables. Recuerdo como la primera vez me paré y caminé hacia él para intentar calmarlo; no lo logré. Cubrió sus oídos con ambas manos, parecía querer aplastar su cabeza con las palmas, pero no sucedía. Al momento que sujetaba su cabeza, comenzó a balancearse de adelante hacia atrás, sin si quiera detenerse. Ojos abiertos, parecía un pez fuera de agua, queriéndose saciar de aire contaminado. No sabía qué hacer, no comprendía por qué me tenía miedo, a mí, su fiel secuaz en épocas de locura. La enfermera me dijo la razón, me contó como es que después de la muerte de Francisco comenzó a tener sueños despierto, y de un momento a otro, el mismo no sabía ni quién era. Ella dijo que era normal, que esas cosas siempre pasan; pero no a él, no. Me reí, lo conocía desde niña, era el hombre más cuerdo y razonable que jamás conocí. Recuerdo como íbamos todos a pescar al muelle; sí, con Francisco también. La primera vez que vi como sacaban al pobre animal de su ambiente, tirándolo a las tablas mohosas del suelo dejando que muriera, comencé a llorar interminablemente. Entonces se me acercó él, maduro como siempre, tocó mi hombro y sonrió. Aunque mis ojos estaban cubiertos de líquido lagrimal y veía todo borroso, recuerdo su sonrisa plena, tranquilizadora. Tomó al pez de la cola y lo arrojó de vuelta al mar. Siempre con esos pequeños gestos, con esas pequeñas alegrías con tal de no verme llorar. Pero ahora era distinto, esta vez fui yo quien se sentía con el deber de protegerlo. Su cuerpo temblante, balanceándose como un niño sin sentido. No quería sentirlo, pero me dio pena, quise llorar, y mucho. Me acerqué nuevamente a él e intenté poner mi mano en su hombro, pero volvió a gritar. Eran gritos casi ahogados, roncos y altos. Pero no desistí, me aproximé más y esta vez logré poner mi mano en su hombro a la vez que le sonreí así como él lo hizo una vez conmigo. Aunque sus ojos miraban al techo y no se fijaban en mi, el grito comenzó a desaparecer lentamente y comenzó a transformarse en risas inocentes, felices.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:05 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Bienvenido.
Y me decían bienvenido; sí, bienvenido. Bienvenido a dónde. Mi rostro rígido paseaba por los ojos destellantes y farsantes de mis espectadores. ¿Qué esperaban? ¿Un agradecimiento o quizá unas palabras tranquilizadoras? Podían seguir soñando. ¿Fueron ellos acaso quienes me defendieron cuando fui juzgado por crímenes no cometidos? ¿Fuero ellos quienes me visitaron durante mis años de encierro? ¿Fueron ellos quienes lograron sacarme de esas ruinas? No, no, y no. Pues digo: ¿debería yo convertirme en mártir y responder a mi bienvenida tímidamente? Sí; lamentablemente sí. Elevé mi mano simulando un tembloreo irreal, caminé entre los cubículos y sonreí, simplemente sonreí. Tranquilo, sin hablar, caminando lúcido. Llegué a mi escritorio y me senté. Tuve que llamar a Gabi para que reintegrara mis papeles y cosas nuevamente al vacío escritorio que parecía el lugar de trabajo de un muerto olvidado. Al menos mi tazón para el café seguía frente a mi; sucio, pero ahí.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 10:58 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Tu perfume de traición.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 10:51 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Silencio.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 10:49 p. m. .... ... ** 0
Televisión.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 10:43 p. m. .... ... ** 0
martes, marzo 13, 2007
Gente.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:55 p. m. .... ... ** 1 comentarios
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:52 p. m. .... ... ** 1 comentarios
Realidad ficticia.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:45 p. m. .... ... ** 0
viernes, febrero 23, 2007
Zarmeena.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:38 p. m. .... ... ** 0
jueves, febrero 22, 2007
Relatos de una sociedad.
Alguna vez oí decir: “Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.” Esas palabras dimanaron de los labios de un hombre, era sabio y único. Palabras bordadas en mi mente, y en la de todos sus auditores. Entonces esas palabras paralizaron una crueldad injusta y despiadada, llenando de afición las mentes iletradas de ciertos espectadores y acusadores. Pero ahora los tiempos han cambiado, y cómo. Historias cubiertas de polvo, cayados sagrados transformados en acero, libros de piedra llevados a papel; todo diferente. Ahí es cuando la gente decide obviar todo tipo de atrocidades pasadas y se hacen la idea, aunque inconscientemente, de que el mundo por fin ha encontrado esa paz infinita y que además es perfecto como una flor en primavera. Pero ocurre algo, algo tan pequeño que ni siquiera afecta al mundo en general, la verdad es que no afecta a nadie. Y este acontecimiento especial se lleva acabo en lugar tan olvidado, un lugar que quedó atrapado en el pasado como si le hubieran caído encima escombros de un terrible sismo. Pero tal lugar no se encuentra sólo, sino que tiene gemelos por doquier idénticos a él en todo sentido.
En esos tiempos me encontraba en donde el pasto es color café y rojizo, y en donde al caminar una ventisca lóbrega recorre tus pies y tú alrededor. Un lugar alguna vez primero, un lugar alguna vez prometido por los grandes, un lugar alguna vez sagrado. Pero cuando aprecié el territorio envuelto en piedras de naturaleza y menesterosos con almas robadas, nada relacionado con santidad se me vino a la mente. Caminando iba por todos los suelos sin dirección cabal, pues la verdad es que desconocía acerca de este extraño mundo que a mi parecer era como un universo de gente traída de la antigüedad. Vi a lo lejos a un hombre con años marcados en su rostro, pero con un aura muy difícil de encontrar en alguien por esos lados. El hombre de los varios mantos ahora anaranjados por la suciedad y de la magnífica barba gris que recuerda a un pastor de las montañas, mencionó un nombre especial. Sus letras formaban Mazar-e-Sharif, y era exactamente en donde me encontraba. Pero más no logré saber, ya que no sólo la desigualdad de lenguajes hizo aparición, sino que la fatiga de aquel anciano por los días de ayuno puro. Lo ayudé a recuperarse, pero por alguna razón mis manos aún se sentían sucias e infantiles. Miraba alrededor y solo veía tristeza y agonía, gente sin ganas de vivir, y otras que ya padecían en agujeros sucios y comunes. Quería hacer algo por ellos, pero sabía que imposible era. Ahora en una colina pública, miles de rostros asesinos, burlescos y cínicos se reunían para su diversión. Qué observaban no sabía, pero lo descubrí al acercarme sigilosamente. Allí, sollozando, cubierta de una manta colorida que evocaba al cielo, yacía una mujer llena de terror y sufrimiento. A su lado un cuerpo alguna vez con dueño, pero ahora solamente carne y huesos cubiertos hasta su totalidad con piedras del tamaño de un puño. Pero aunque ahí se encontraba un hombre olvidado, nadie parecía preocuparse, sino que sus ojos centrados en la mujer arrodillada sobre suelo despiadado. Y comenzó. Uno tras otro, golpes de odio y placer caían sobra la adolorida dama. Grité, tan fuerte como nunca, pero mi voz fue opacada por ignaros que reían ante sus logros. Más y más, la mujer gritaba con desespero, su garganta se desvanecía a medida que sus enemigos le arrojaban rocas dañinas. La mujer moría, lenta y dolorosamente. Yo miraba a los hombres, en silencio. Observaba cómo brillaban sus ojos con una llama vivaz y digna de llamarse demoníaca. Recordaba a ese hombre que alguna vez conocí, recordaba sus palabras de salvación. Pensé si es que ninguno de los asesinos había cometido algún acto impuro, o si es que eran ellos quienes serían recibidos con los brazos abiertos en el día final. Pero la respuesta era simple y obvia, y sólo me dediqué a mirar a los actores, no a la mujer como lo hacía el resto. En estos tiempos, después de décadas, no habló ningún hombre como el de esa vez. Sólo se encontraban órganos vacíos y labios cocidos con espinas. Al final hubo silencio. Pero no de los miles de cuerpos sin alma, sino que silencio proveniente de esa mujer. Mientras ellos celebraban, evocaban palabras de felicitaciones remarcando que habían hecho el bien y que serían aceptados en el infinito, yo por fin miré a la pareja. Ahí, bajo un mar de tierra sólida, se encontraban, por fin en paz. No los abandoné en ese momento, el más crucial de su existencia, sino que estuve allí hasta que llegaran a donde jamás serán juzgados. Jamás los conocí, pero tengo seguridad de que pidieron perdón si es que alguna vez hicieron algo fuera de su juicio, y ahora descansan felices bajo el lecho de Él, ese sin nombre específico, sino que de amor infinito.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:55 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
sábado, febrero 10, 2007
Magnicida de invierno. [2]

Es de esas sensaciones… De esas extrañas. Sólo podrías reconocerla si la hubieras vivido alguna vez. Porque genial es, y a la vez te ahoga. Es como pequeños cristales de agua, todos cayendo al vacío de tu cuerpo. Te encuentras allí, parado y desnudo. Pero te agrada, quieres más. Imagina que al sentido de las sombras de la noche, te encuentras con los ojos más brillantes y estremecedores que el cielo ha tocado. Esos ojos te miran y persiguen como linces frente a un prado de roedores. Son esos miedos los cuales dan una sensación de éxtasi, y la adrenalina incontrolable. Aún recuerdo con exactitud cada vez que esa magnificencia cubría mi piel y purificad. Pero ese día especial, fue sin dudas el que me llenaría de gloria y momentos abrasadores por primera vez. Hacía frío, tanto que ni si quiera podía diferenciar si es que era día o noche. Mi sueño había sido tranquilo, me acuerdo de haber visto muchas rosas, todas revoloteando a mí alrededor a causa del cálido viento. Y esos sueños calmados, me indican que el momento de la verdad será perfecto; vencería. Marché hacia el encuentro de mi enemigo, caminando por las calles vacías y tristes mientras vestía mi mejor traje; era blanco y puro. Allí estaba, esperándome, con miedo y dudas. Quizá su sorpresa fue al encontrarse con un humano en figura femenina, distinto a como sus servidores alguna ves describirían. Sonreí, pero no de manera amistosa, sino que de la única forma en que sabía hacerlo. Un sutil levantamiento de mis labios rosa, una mirada despiadada pero tan dulce como una cortesana, todo tan inocente, pero el hombre temió. Y sintió miedo, pero no porque yo irradiara tal, sino porque el sabía muy bien cuál sería el final. No lo culpo, no le diré débil. No esperaba que intentara defenderse, ya que bien sabía que mi rapidez y seguridad sobrepasaban los ojos de individuos como él. Con un pétalo tan mortal como el canto de los ángeles, rocé el viento y a mi próximo. Cayó, frente a mis pies descalzos y fríos por el contacto con la nieve condenada y traicionera. Y lo miraba, y él también; pedía ayuda. Compasión es como darle las llaves del mundo a un demoníaco destino, pues es incorrecto y fuera de lo deseado. No importa si yo estaba errónea o no, para la muerte yo era lo divino y exacto. No es arrogancia, es solamente la verdad que había sido educada desde niña. Pues quien me guió en este camino, el hombre más magnífico y sabio que yo había conocido, me indicó que el destino de quien yo quisiera estaría en mis manos de acero. Entonces me decidí, ser juez y dictadora de quien despreciara su vida o la del resto. Pero no a placer mío, pues no me traía felicidad ver como otros hallaban dicha en el paraíso. Cada quien tiene a una persona especial en su mente, esas personas que mientras sonrían opacan todas tus maravillas. Así decidí esperar, calmada y normal hasta encontrarme con ese humano de mi pasado odiado. Mi orgullo continuaba, un juego que sólo yo apreciaba. Uno y otro a la vez, mis ojos lo admiran, mis manos lo disfrutan y mi cuerpo descansa. Pero ese día frío en que mis pies rozaban la nieve, mientras yo observaba a mi proveedor, me detuve un instante. Y es que al verlo suplicando por mi armonía, me hizo desvanecer hacia mi debilidad. Porque sólo hay una cosa que puede vencer al ser que se cree inmortal cuando no lo es. Una enfermedad, tan asesina como mis propias palabras, me detenían cada vez que me exaltaba. Esa angustia de no poder demostrar mi pasión y arte al máximo me angustiaba. Y ocurrió. Observé al hombre mientras se desvanecía, y sin darme cuenta me desvanecí yo también. Sólo se que sobreviví ya que un hombre de casualidades caminaba por el lugar en ese instante. Jamás sabré si hizo bien en acogerme, pues quizá para él y su vida hubiera sido mejor arrojarme al plan que la vida me tenía ya otorgado yaciendo en la nieve. Ahí cambió todo. Las cartas de la vida, como algunos dicen, se convirtieron en dardos que me apuñalaban sin que yo los manejara. El agua, como río y mar, no me acompañaba. El olor a vino y rosas no desaparecía, y por más que frotase mi piel hasta que ardía en pasión, la suciedad permanecía allí. ¿Qué clase de maldición me había encontrado? Era ignorante. Entonces no cabía más pensar que la gente que uno desprecia, a las cuales les creas repulsión y viceversa, tienen razón en cuando te observan e investigan. Pues es así como yo fui alguna vez descrita. Un día de otoño, una mujer de las cuales llevan una década viviendo en este mundo de horror, me miró con ojos de sabiduría y desprecio. Sus palabras tan duras como un clavel en mi piel, me dejaron marcada por siempre. Y ella dijo: “Una Iris jamás será pura bajo gotas de agua clara, sino que su olor y ser crecerán con fuerza y locura. Pero si logras hacer los pétalos de esa Iris cesar, el sol brillará y apocará tus impurezas escondidas.” Lo odiaba. Palabras tan ajenas a mi, ahora no hacían más que viajar en mis sueños y vida diaria. La razón era cierta, y me tomó toda una vida rodeada de muerte y odio para hacer cesar a los pétalos malditos que rondaban mi corazón.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 3:59 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Ingresa a nuestra mafia.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:27 a. m. .... ... ** 0
El Elegido.
Cadenas lo amarran, intenta correr pero sabe bien que él le ordena no dudar. La noche anterior su fiel secuaz lo lastima con un frío roce, húmedo y con temor. Estrellas de oro son el cambio, estrellas cubiertas en tinieblas. Ahora sólo está, parado frente a la muchedumbre. Aplauden y se burlan, todos cegados por los rumores. Ensangrentado se encuentra, espinas cubren su frente. Su familia intenta ayudar, pero los grandes los detienen. Es condenado a lo mortal, lo hieren y destruyen. Le ordenan caminar, un peso va en sus hombros, tan duro como un infinito mar. La perdición lo observa, sonríe pero no se apiada, mucho menos comparte el placer. La multitud lo sigue, el hombre apenas avanza, pero su fuerza es más grande que la de cualquier otro. Ha llegado a su meta, mas no puede descansar. Lo sujetan sobre lo que ha sostenido durante todo su caminar. Llamas rozan sus extremidades, el dolor es demasiado. Alzado es sobre un cerro cruel. Un bandido parece ser más bondadoso a los ojos de sus hermanos. Ya llegada su hora, noble hombre bendice a sus condenadores. Pide perdón por ellos, al único quien los puede perdonar. Salva a quienes lo maldijeron y éstos recién comienzan a dudar. Dormido está, tanta paz y sólo se ve la luz. Asegurarse deben, una flecha de maldad lo atraviesa, su alma y pena. Ya no hay nada que hacer, todo en silencio está. Pero las maravillas son asombrosas, cielo y tierra se abren, parece Apocalipsis, pero es sólo la tristeza de un padre.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:00 a. m. .... ... ** 0
Destino.
¿Llamarías a un Dios que te ordenara cosas lejos de tu juicio? ¿Tomarías un café de alguien que sólo toma vino? ¿Dormirías aquí, sabiendo que de noche esto es una orgía? ¿Por qué no? Arriésgate para ver qué está más allá, qué es lo que la vida tiene para ti. No temas a lo desconocido, pues todo ese mundo es maravilloso. Un simple “no”, puede transformarse en un “si” eterno. Una simple caricia puede convertirse en un último deseo. Sólo camina a lo que se te fue indicado desde el comienzo.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:58 a. m. .... ... ** 0
Dolce Infancia
Analizando.
Sabiendo que lo único imposible es evitar lo increíble, caemos en una tentación inevitable. Siendo el deseo nuestra única compañía, lo alejamos con la timidez. Seamos honestos, no digamos que somos indomables, pues nada de eso nos creará confianza. Digamos más bien que no nos dejamos influir por fantasmas. Palabras sin sentido, más qué da. Disfrutamos el momento como si fuese nuestro último encuentro. Obtengamos nuestra fuerza por medio de un solo aplauso, y sonriamos con nuestra cara llena de fervor.
Jugador.
Caminando sin sentido, una ruta de pasión. Florezcamos en silencio, no caigamos en traición. Caminante sin destino, va en rumbo al salón. Golpea ya la mesa, el alcohol le da pavor. Con un solo gesto, es sólo un triste actor. Engaña a su enemigo, le provoca atención. Para continuar asalta ahora la mesa. Los dados van rodando, no hay suerte en su acción. Su mitad yace a un lado, intentado olvidar. Marea de cenizas, perfume de alto mar.

Acto.
Para un poco, respira y mira. Cálmate y no sigas. Siente tu infinito, saborea la intención. Cuando veas una puerta, detente y no entres en ella. Caminemos con sentencia, detengamos el fervor. No mires hacia el lado, mira con atención. Sientes el mundo a tu lado, pero no quieres entrar en él. Calla en un momento, favorece tu andar. Imposible no es la forma, bailarines con corsé. Danzan y te guían, hacia lo que quieres ser.
Noche.
Color negro, luz de plata, viajamos como una estrella, mas no tienes propuesta. Infinito andar, escarcha de primavera, estás vestido como de niebla. Calzas pétalos, sostienen a una flor. Labios fríos, piel canela, cubren esos ojos de algodón. Pero no puedo verte, aunque lo intente con pasión. Frío de noche, me desnivela, ya no puedo avanzar. Tu sonrisa me parpadea, sólo veo un andar. Luz de primavera, distinto solar. Crecer ser maravilla, apenas puedes apostar.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:49 a. m. .... ... ** 0
domingo, febrero 04, 2007
Guerrero en rojo. [1]
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:26 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Sonríe.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:20 p. m. .... ... ** 0
Sin sentido
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 11:14 p. m. .... ... ** 0
sábado, enero 13, 2007
Agente.
Que táctica más misteriosa, e incluso perfecta. Sabía utilizar su gracia a la perfección. Jamás fue derrotado, y haber sido ese el caso, la razón debía ser que su adversario tenía de su lado la suerte del destino. Siempre garbo, atildado y con modales exquisitos. Por supuesto, de eso se trataba; él debía ser inalcanzable, casi un Dios. Cortejaba a las damas, caía en gracia con los poderosos, retaba al destino y jugaba en asuntos de lujuria. Si el poder de los altísimos se debía a un revólver, una bala y un esmoquin, su poder se debía a su personalidad engañadora. Sus palabras parecían como si hablara con un grado de soberbia, pero al tiempo, una gota de miel y licor cubrían su voz. Esos hombres que jamás caían, esos hombres inaccesibles, eran de esos imprescindibles, de quienes nunca sabrás qué harán a continuación. Y es que esa energía irradiaba al observador, y lograba engañarlo en la perdición. Ese intruso del mundo podía llegar a ser el dueño de todo. Custodiaba secretos ajenos, la vida y el juicio final en sus erudiciones. Podía destruirte, y más bien, sí lo hacía, pero no por deseo o placer, sino por cometido. Tenía control sobre todo el mundo, pero no sobre su vida. Pues es que toda persona depende de alguien, por más imponente que ésta sea. Pero jamás deberemos llegar a malinterpretar, él podía no tener control sobre su vida, pero sí tenía el control de su libertad. Aunque de todas formas, un pequeño control de vida jamás lo detendría, ya que él derrotaba todos los límites y los convertía en fantasía. Llegar a ser fantástico no era asunto de mártires o misioneros, sino de leyendas y divinos. Entonces es de esta manera como un hombre cambia el mundo bajo el poder de sus ojos, es de esta manera como alguien puede sobrepasar lo extraordinario y convertirse en un guerrero de la sinrazón.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:07 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Allegado.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 2:02 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Darling
(canciones...)
See, I’ve got a new hat baby
And I know how to use it right
Walking down the 7th street
I watch all the scandals pass
Waiting up for my big man
His cabrio seems to drive so fast
He waves his hand with a cigar
While I jump with my Jane’s in black
Drink Champagne and red caviar
This isn’t what I got in mind
But once he starts he drives me mad
I wonder how he is at night.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:55 a. m. .... ... ** 0
Vida
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:42 a. m. .... ... ** 0
martes, enero 09, 2007
Arte.
Pero una simple filosofía de antaño me parecía absurda. Si después de tanto viajar, de visitar la gran pirámide de Giza, los restos de los jardines de Babilonia y del templo de Artemis, el monte Fuji, y hasta Machu Picchu, un simple cuadro antiguo y abstracto me era impotente. Por qué me pedían que observara con atención, si simplemente era un conjunto de rayas coloridas. Ni el más magnífico cielo podía ser inferior, ni el más amplio y azul mar podía ser menos maravilloso. Pero, ¿por qué la gente se detenía a observarlo? Entonces lo comprendí. Mis años me habían dejado atrás, mi cabello blanco y gris, ojos gastados cubiertos de vidrio, piel con marcas profundas y oscuras, y mi parada debía ser sostenida por un par de bastones. Pensé que ya nada me asombraría, y mientras por mi mente trayectaban pensamientos de suicidio, ese cuadro fue quien me salvó. Comencé no solo a ver acrílicos coloridos, sino que un color verdadero. Imágenes bordaban mi intelecto, mi imaginación se limitó a ese cuadro de ideas. El artista había dado su vida por su pintura, así como yo la había dado por los paisajes del mundo. Toda esa energía, nostalgia y alegría me embriagó, y sentí que caía en lo infinito. Era tan maravilloso, no quería despertar. Al abrir lo ojos, fue como volver a nacer. Me sentí joven y alegre, tenía ganas de viajar nuevamente, correr por los prados de Irlanda, visitar los cielos del Himalaya y el mar de México. Jamás pensé que algo que se veía tan simple pudiese contener tanto y entregar tanto al observador.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:49 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Minturn
(canciones...)
You never thought that you’d look so fine
Andy’s little doll with big brown eyes
You made your love with no secret scenes
You learned love was an art of queens.
Dressed up any moment at any time
Rich little heiress of socialite
The Factory itself pleased you with charm
Romeo was going to make you fly.
But the judge came town to mess things up
You choose your fame over your life
You were alone here with no highlights
Your craze got strong and grew up fast.
A femme red Vogue rejected you in spot
Your habit just turned a pale in blue
The leopard lover waits you in your room
After the raindrops he’ll end this fool.
If crazy don’t turn out things so bad
You’ll find a husband and learn to fly
But freedom only takes one night stands
You’ll be found dead at a.m.’s lights
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:46 p. m. .... ... ** 0
Playa.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:31 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
lunes, enero 08, 2007
Sensación.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 8:05 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Un dandy más.
Conocí a un chico que vestía muy bien
Remera Chanel y Lee jeans en los pies
Sonreía a las divas de forma casual
Tenía una facción muy peculiar.
Subió a su Romeo, conducía en desdén
Iban a su cuarto a beber Cobbler
Todo calculado sabía ser galán
Las damas caían de forma natural.
Lo verás sentado en el muelle del mar
Su droga favorita es la fiel Montserrat
Cenicero en dudas, una copa de más
Joven ganchero y su gran vanidad.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:59 p. m. .... ... ** 0
domingo, enero 07, 2007
¿Por qué no haces algo?
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 4:54 p. m. .... ... ** 0
Felicidad
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 4:50 p. m. .... ... ** 0
Nadie lo sabe
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 4:34 p. m. .... ... ** 0











