Hace tiempo encontré una pequeña caja. Era roja y echa de cartón. La miré confundida, pues no sabía a quien pertenecía. La sostuve con mis manos y la levanté. No pesaba, pero no era completamente liviana. La abrí con muchas dudas, no sabiendo qué iba a pasar. Dentro de la caja había una pluma, blanca como de paloma. Confundida la miré, decidí tomarla con mis dedos. Me llevé una sorpresa; la pluma pesaba. Mucho no era, pero fue extraño, no lo entendía. Quise quedármela pero desistí. La dejé en su caja y partí. Hoy volví a encontrármela, la pequeña caja. Me acerqué a ella y la abrí. Ya no había una pluma, sino que dos. Extraño fue, pero más aún cuando junto a las plumas había un trozo de papel. Decía un nombre, nada más. No comprendí bien, pero tomé la caja y volví a casa. En el camino a mi hogar, me encontré con un hombre, el cual también tenía una caja similar a la mía. Me miró con dudas y dijo mi nombre en tono de pregunta. Entonces comprendí. Recordé el nombre escrito en el papel y se lo dije en el mismo tono. Me sonrió y se me acercó. Intercambiamos cajas y ahora él se encuentra sentado en mi sofá tomando una taza de café mientras yo escribo esta historia.
jueves, diciembre 28, 2006
Una caja roja.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:53 a. m. .... ... **
Etiquetas: Tesoros
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