sábado, diciembre 30, 2006
Alma gemela.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:15 p. m. .... ... ** 0
La emprendedora
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:08 p. m. .... ... ** 0
Crónica de lo que es estar enamorado…
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:02 p. m. .... ... ** 0
Que pasaría…
¿Qué pasaría si…? Una frecuente pregunta que nos cuestionamos todos los días en nuestras vidas. No importa la situación o circunstancia en que nos encontremos, ese simple “tal vez” o ese común “¿y si…?”, nos motiva a imaginarnos cómo sería nuestra vida de otra manera.
¿Qué pasaría si cada vez al dormir, soñásemos con todas las fantasías que anhelamos soñar? ¿Qué pasaría si en vez de haber descubierto el fuego hace millones de años, el hombre primitivo hubiese descubierto la manera de volar? ¿Qué pasaría si no nos comunicáramos con palabras ni gestos, sino que con tan solo una simple mirada? ¿Qué pasaría si todos los seres humanos que habitamos este mundo, fuésemos iguales físicamente? El mismo cabello, los mismos ojos, los mismos labios, el mismo cuello, los mismos lunares, las mismas manos y los mismos pies. ¿Cambiaría de alguna manera nuestra forma de ser, o continuaríamos siendo las mismas personas con los mismos ideales? ¿Qué pasaría si por fin se acabaran todas las guerras que existen en este mundo? No más batallas ni discusiones, solo paz y tranquilidad. ¿Duraría para siempre? ¿Sería completamente favorable, o de alguna manera perjudicaría nuestra existencia? ¿Qué pasaría si pudiésemos sentarnos junto a Dios en la terraza de nuestra casa y conversar con él, mirándonos cara a cara, acerca de lo que se vive actualmente en el mundo? ¿Qué pasaría si al caminar cincuenta kilómetros, nuestro cuerpo no se cansara y pudiéramos continuar nuestro recorrido? ¿Qué pasaría si pudiéramos comunicarnos con los animales y ellos con nosotros? ¿Qué pasaría si cometiéramos errores y fuésemos capaces de volver al pasado y cambiarlos? ¿Qué pasaría si todos los días las cosas nos resultaran de la manera que queremos? ¿Lograríamos finalmente encontrar la felicidad que tanto deseamos obtener? ¿Qué pasaría si no nos ahogáramos en el agua, sino que pudiésemos respirar en ella? ¿Qué pasaría si conociéramos el espacio y todos los planetas en él? ¿Qué pasaría si no nos quemáramos con las llamas, pero en cambio sintiéramos placer y calma? ¿Qué pasaría si los peces caminaran por la tierra y las aves nadaran en el mar? ¿Qué pasaría si encontráramos la solución a tantas preguntas sin respuestas, a todas esas interrogantes que nos preguntamos día a día pero que nadie se atreve a responder?
¿Qué pasaría? Creo que nunca lograremos encontrar el significado exacto a todas nuestras interrogantes, pero por esa razón existe esa apreciada posibilidad del “que pasaría”.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 7:00 p. m. .... ... ** 0
Hallando el Nirvana
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 12:03 a. m. .... ... ** 0
jueves, diciembre 28, 2006
Algodón rosa.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:58 a. m. .... ... ** 0
Una caja roja.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:53 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Crónicas de otro alcohólico
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 1:45 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
miércoles, diciembre 27, 2006
...
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 5:25 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Nube.
Sólo puedo especular.
Una simple figura que conmueve,
O la escarcha de día que el aire mueve al andar.
Eres más que un color,
Pues yo digo que no posees alguno.
Tu perfume no se manifiesta,
Éste viaja por el aire en época de tormenta.
Eres dulce, pareces caramelo.
Tan espectacular.
¿Podrían mis ojos engañarme?
Cada vez que observo el edén
Allí te encuentras, pero al segundo ya no estás.
Tan traviesa, provocas el quererte ajustar.
Formas variadas figuras.
No, más bien, formas conmoción.
Tu níveo vestir,
Tu rostro albo.
Todo parece ser preciso,
Todo parece ser calculado.
Mas nada es cierto.
La gaviota nos ha engañado.
Tu silueta se transforma,
Al igual de la mirada de tu observador.
Cuántas fantasías,
Cuántos deseos.
¿Será que te detendrás?
No, mejor deseo que continúes.
Liberando, danzando,
Todo protector a tu lado.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 3:34 a. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
martes, diciembre 26, 2006
Desconocido
“Él paraba un autobús sin destino alguno.” Con solo verlo una vez, fue suficiente como para no olvidarlo nunca más. Cómo olvidar su figura, simple pero capaz de cautivar cualquier mujer que se topase con él; cómo olvidar su cabello, tan masculino pero a la vez delicado y sensible cuando es rodeado por el cálido viento; cómo olvidar su rostro, moreno y apuesto, tan salvaje y único como si viniese de una lejana y antigua civilización; y cómo olvidar su sonrisa, esa que es tan dulce y a la vez sensual, tan varonil y atractiva. Debo admitir que me enamoró en el segundo en que mi vista se fijó en él. Mientras me acercaba al paradero, lo observaba en cada detalle; cuando prendía un cigarro, cuando le cedía su asiento a una anciana mujer; cuando sonreía a los pequeños niños de la escuela. Parecía estúpida, mirándolo como una adolescente con su primer amor. Yo permanecía parada allí, junto con las demás personas que esperaban el autobús. Todas iguales, todas tan sencillas. Pero ese hombre, ese desconocido, fue capaz de resaltar del resto. El autobús llegó a su paradero, y finalmente el desconocido debía marchar. Por un segundo, tan pequeño pero suficiente, sentí que él me miraba. Sonrió como para decir adiós y subió al autobús. No volví a verlo jamás, y tampoco deseo hacerlo. Fue como uno de esos ángeles que cuidan de ti, pero que jamás debes tener una relación directa con ellos, sino soñar y saber que donde estén, te protegen y aman.
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 10:23 p. m. .... ... ** 0
Etiquetas: Tesoros
Solían llamarle Alejandría
“¡¿Nafretiti, te encuentras allí?!” Una voz oscura y varonil habló en un tono de alarma, calmando a la abandonada muchacha, quien pensaba que ya nada podría liberarla de una trágica muerte en la hoguera.
“¿Anok Sabé? ¡Si, estoy aquí!” La sacerdotisa dijo sonriente, pero a la vez preocupada por el humo que comenzaba a incrementarse cada vez más. Un ruido de piedras moviéndose se escuchó, y en el segundo en que Nafretiti se echó para atrás, la entrada al museo quedó libre e ingresaron a ella dos sacerdotes y algunas sacerdotisas felices de encontrar a la mujer sana y a salvo.
“¡Debemos irnos! El fuego no tardará en atraparnos a nosotros también.” Anok Sabé tomó a Nafretiti de la mano y la dirigió a la salida rápidamente, pero ella logró soltarse y lo miró incrédula.
“¿Piensas marcharte y dejar estas palabras abandonadas a las llamas?” Nafretiti miró luego al resto de los sacerdotes y sacerdotisas esperando alguna respuesta.
“¡No hay tiempo! Algunos textos ya están a salvo junto con el resto de nuestra familia. Nos esperan en un barco para huir.” Pero la sacerdotisa no escuchó palabra alguna de Anok Sabé, sino que se encontraba recolectando papiros y libros en una cesta. Anok Sabé dio un suspiro de rendimiento y ordenó al resto de los templarios que tomaran sólo un par de textos y que marcharán hacía el barco que los esperaba. Ahora los únicos alejandrinos que se encontraban en la Biblioteca eran ellos dos, una soñadora pero fuerte muchacha, y un hombre sabio como su nombre y dispuesto a dar su vida por quien ama. Intentaron salvar los tesoros que por generaciones han intentado proteger, pero el fuego era mucho, y el derrumbe comenzaba a notarse así como agua en el mar. Sólo lograron llenar dos cestas de mimbre con pergaminos y libros varios, pero aunque no fue suficiente, algo era. Un pedazo de piedra calló del tejado, casi aplastando a Nafretiti, pero ella no tenía miedo, quería continuar su misión. Anok Sabé le rogó que desistiera, pidiéndole que fuera a reunirse con el resto de sus hermanos, que no los abandonara a ellos. Cuando ambos estaban a punto de abandonar la cámara, una vez perfecta e indestructible, repleta con más de doscientos mil libros y tesoros, con palabras sagradas y testimonios inimaginables, Nafretiti se detuvo con un rostro de alarma.
“El libro sagrado.”
No se trataba de ninguna Biblia o documento sobre alguna visión de Dios, sino que el libro más importante que poseía la Biblioteca. Era un libro sin ninguna leyenda y sin ningún relato acerca de Dioses antiguos, era un libro con miles de pensamientos y deseos. En el libro sagrado se encontraban escritos todos y cada uno de los libros que se encontraban dentro de la Biblioteca, los nombres, su autor, y cuándo fueron ingresados al museo. Necesitarían ese libro si deseaban continuar con la misión de la Biblioteca. Nafretiti tomó el gran libro y salió corriendo junto con su amado en dirección hacia las afueras de la Biblioteca. El camino parecía eterno, sus brazos pesaban con las cestas llenas de documentos, sus piernas parecían dormidas por el gran recorrido que debían correr entre pasillos, columnas y escalas de mármol, sus rostros parecían arder con el fuego y humo que los rodeaban. Estaban alarmados, por un segundo pensaron que no podrían escapar, pero la pasión que sentían por proteger las enseñanzas de la Biblioteca, eran más que su propio cansancio. Por fin lograron divisar alguna luz que les anunciaba que la salida estaba cerca. Recorrieron el último pasillo y una imagen tan terrible como el propio infierno los rodeó. Las calles se encontraban en llamas, habían cadáveres y gente agonizando por doquier. Nadie al ser capturado por los cristianos lograría sobrevivir, la sed de matanza se convertía en un éxtasi, y el amor por Dios se convertía en un odio por el enemigo. Los dos sacerdotes miraban asustados el acontecimiento, veían como sus amigos y familiares morían por las llamas, junto con sus más grandes tesoros, juntos con el único propósito que tenían sus vidas. Anok Sabé tomó a su amada de la mano y la dirigió a un camino oculto tras unos cerros de arena y filas de palmeras. Nafretiti estaba cegada, sus ojos sólo estaban concentrados en la visión que acababa de ver, la gente muriendo y pergaminos sagrados en llamas. La muchacha ni se dio cuenta de cuando llegaron a las orillas del río, ni cuando Anok Sabé la ayudaba a subirse a un barco repleto sacerdotes y escolares. Anok Sabé fue el último alejandrino que abordó al barco antes de que comenzara a alejarse de Alejandría para siempre. Todos los sacerdotes y escolares de la Biblioteca observaban su pasado, toda su vida ahora tras las llamas, pensando en que estaban arruinados. Anok Sabé logró hacer reaccionar a Nafretiti, quien lo miró con suma tristeza. Pero en esos momentos decidió permanecer con calma, miró a sus hermanos y les sonrió. Luego continuó mirando, y se dio cuenta de algo terrible.
“¿Dónde esta el Supremo Sacerdote?” Nafretiti preguntó intentando divisarlo entre los rostros llenos de sudor, tierra y miedo.
“Quedó atrás. Su edad no le permitió huir de las manos de nuestro enemigo.” Anok Sabé le dijo con tristeza. “Eso te convierte ti en la encargada de la Biblioteca. Eres la única con sangre real en este barco.”
“Nafretiti, tú eres la nueva Suma Sacerdotisa, por favor indícanos qué hacer.” Una sacerdotisa dijo con voz temblorosa.
“Nos marcharémos, lejos, muy lejos.” Nafretiti dijo con el fuego de la Biblioteca reflejado en sus ojos mientras navegaban por las aguas. “Crearemos una nueva Biblioteca. Pero esta vez, nadie sabrá de sus existencia, solamente quienes realmente sean capaces de mantener el juramento antes de nada. Gracias al Libro Sagrado, sabremos qué textos poseemos y cuales no. Comenzaremos de cero, comenzaremos una nueva vida, una nueva enseñanza y un nuevo legado. No dejaremos que Theodosius destruya lo que hemos tratado de proteger y crear durante tantos años, sino que nos enfrentaremos, aunque sea desde lo más desconocido del mundo.”
“¿Sobreviviremos?”
“Sólo si permanecemos unidos. De esta manera, el mundo jamás olvidará qué es la Biblioteca.”
“La cartas de Santa María Magdalena, las recolectamos todas, aquí están.” Un hombre le entregó las cartas escritas en un antiguo papel a Nafretiti.
“Protegeremos nuestros tesoros.” Nafretiti tomó las cartas firmemente, como si se trataran de su propio bebé. “Nadie volverá a quitárnoslos de nuestras manos. Nadie volverá a destruir la Biblioteca de Alejandria.”
obra de Lisa von der Forst cuando el reloj daban las 9:55 p. m. .... ... ** 0





